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El primer robot pediátrico del mundo se estrena en el hospital San Joan de Déu

El primer robot pediátrico del mundo se estrena en el hospital San Joan de Déu

La atrofia muscular espinal, conocida como AME, es una enfermedad genética degenerativa por la que los afectados pierden la capacidad de caminar o no llegan a hacerlo nunca. Con el objetivo de buscar soluciones a esta enfermedad neuromuscular se ha venido trabajando intensamente en el centro de tecnología e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ya ha presentado lo que ha denominado el exoesqueleto, el primer robot pediátrico del mundo para niños con problemas para caminar. La primera prueba se realizará en el servicio de rehabilitación del Hospital Infantil Universitario Sant Joan de Déu de Barcelona, donde permanecerá los 12 meses del próximo año 2018.

No será el único centro que contará con este robot, capaz de adaptarse de forma automática a la evolución de la enfermedad y al crecimiento de cada niño. Se están fabricando siete dispositivos más para ofrecérselos a otros centros. La misión del exoesqueleto no es rehabilitar, sino retrasar la degeneración que conlleva este tipo de afecciones neuromusculares.

En un ensayo previo se ha comprobado que no hay efectos secundarios, que los niños no se fatigan, que logran caminar con facilidad y sobre todo, que no dejaban de sonreír y retarse continuamente para avanzar un poco más. El impacto es muy positivo. Va mucho más allá de una terapia física que les ayuda a retrasar complicaciones como la deformación de la espalda.

El exoesqueleto, que pesa unos 12 kilos y está fabricado de titanio y aluminio, incluye unos motores que imitan el funcionamiento del músculo humano y aportan al niño la fuerza necesaria para mantenerse en pie y de esa forma poder caminar.

Los creadores del único robot del mundo destinado a la población infantil, la empresa Marsi Bionics, en colaboración con el CSIC, tienen como objetivo que el exoesqueleto se integre en la vida de cada uno de estos niños. Que se levanten, se lo pongan, se lo lleven al colegio y tengan una vida autónoma, dentro de las limitaciones que supone la atrofia muscular espinal.

Se calcula que en España hay 120.000 menores con diferentes patologías (parálisis cerebral, espina bífida, etc.) que les impiden caminar, 700.000 en Europa y unos 17 millones en todo el mundo.